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Edición 37 • 14 al 20 de septiembre de 2008
Hoy es lunes, 6 de febrero de 2012

Un sínodo sobre la Biblia

La Iglesia celebrará del 5 al 26 de octubre de 2008, un Sínodo de Obispos sobre “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. El obispo de Ponce, Monseñor Félix Lázaro Martínez, Sch.P., participará por Puerto Rico. El Secretario General del Sínodo, Arzobispo Nicola Eterovic, explicó que esta asamblea es sobre todo “de índole pastoral y misionera” y tendrá dos puntos de referencia; el primero es el Sínodo anterior sobre la Eucaristía y “el segundo es el Año Paulino”, señaló Mons. Eterovic. [ver más]


Después de Aparecida, ¿qué?

Vivimos una etapa histórica del mundo y de la Iglesia jalonada de trascendentales convocatorias y asambleas. A los católicos nos han sonado fuerte Québec, Sydney, etc. Puntos en los que a los creyentes nos han impactado imágenes, discursos, consignas, compromisos. Recién se ha cumplido el primer año desde la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Brasil) los días del 13-31 de mayo de 2007, bajo el lema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en El tengan vida”. [ver más]

La integridad, virtud imprescindible en la vida social

No voy a tratar aquí del don de la integridad, probablemente concedido a Adán y Eva antes de pecar (Por él, Dios les habría otorgado gracias tan extraordinarias como la santificante.), sino de la virtud de la integridad, una de las virtudes morales que más afectan a la persona y más influencian la vida social de las comunidades, sean éstas religiosas, cívicas, comerciales, etc. La Real Academia española define la virtud de la integridad como calidad de íntegro; y éste es definido como algo o alguien que no carece de ninguna de sus partes. Dícese de la persona recta, proba, intachable. [ver más]

La exaltación de la Santa Cruz

Lo mismo que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre para conceder la redención a la humanidad. En su travesía por el desierto, el pueblo cansado, hambriento y sediento habló contra Dios y contra Moisés. Los israelitas, al ver la aparición de serpientes venenosas y la muerte de sus seres queridos, reconocieron su pecado y acudieron a Moisés para que Dios los salvara. Moisés rezó y Dios le pidió que hiciera una serpiente de metal. Los mordidos por las serpientes miraban la serpiente de bronce y quedaban sanos. [ver más]

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