La enfermedad del alma
Dr. Iván J. Lladó-González
Para EL VISITANTE
“La enfermedad nos domina cuando decidimos separar a Dios de nuestro corazón”
Los estudios médicos científicos señalan que la primera causa de muerte y enfermedad en los países civilizados, como en Puerto Rico, son las enfermedades cardiovasculares. Según las estadísticas, desde el 992 en adelante, de aproximadamente 30,000 muertes al año en la Isla, unas 8,000 personas morían de problemas cardiovasculares incluyendo ataques al corazón, ataques cerebrales, problemas de circulación y problemas renovasculares. Al presente, probablemente estas estadísticas son mayores. Otras enfermedades frecuentes son el cáncer, la diabetes, las enfermedades infecciosas, etc.
Desde que comencé mi internado en el Hospital Universitario, Centro Médico de Puerto Rico en el año 1979, y luego de 27 años de ejercer la práctica médica y con sobre 20,000 pacientes atendidos, me he dado cuenta que en realidad la primera causa de enfermedad en el hombre es la enfermedad del alma... aquella en la que el ser humano decide apartar a Dios de su corazón y su vida, creyéndose autosuficiente y prepotente.
Nuestro cuerpo necesita de alimentos, de ejercicios para desarrollarse y de tratamientos médicos para sanar. El corazón necesita calor humano y amor, para seguir latiendo cerca de Dios. Nuestra alma necesita la oración y la fé, para crecer en la paz de Dios. El hombre tiene un vacío infinito en su corazón que nada ni nadie puede llenar sino sólo Dios. Nos dice San Agustín: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti”. Es por eso que el hombre que decide apartar su corazón de Dios vive enfermo física, mental, espiritual y emocionalmente. «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las malas intenciones» (Mc 7:20-21). Y, ¿cuál sería entonces el tratamiento médico-espiritual? Nos dice Jesús en Mateo 11:29, «aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón».
Los signos y síntomas físicos de la enfermedad son tratados con medicinas y cirugía, sin embargo, hay una dimensión espiritual al sufrimiento. Estudiando sobre la medicina y la fé encontré esta cita de Sir William Osler, gran médico erudito de su época, en una revista médica de Inglaterra del año 1910: “Nada en la vida es más maravilloso que la Fé, una gran fuerza que no podemos medir, ni pesar en la prueba más difícil”.
En el año 2002 los Institutos Nacionales de Salud y Servicios Humanos para el control y prevención de enfermedades de Estados Unidos reportaron: que más del 50% de los americanos utilizan medicina complementaria para una mejor salud y que la intervención utilizada con más frecuencia es la oración. Al entender que la oración y la fé es la medicina del alma, comencé a orar con mis pacientes en el 1995. En aproximadamente 11 años he orado con sobre 8,000 pacientes, de los cuales 7,992 aceptaron la oración (99.9%) y 8 no la aceptaron (0.1%). Todos son tratados con medicina al día, compasión, ternura y caridad.
El Dr. Benson de la Universidad de Harvard nos habla del modelo de salud integral: farmacoterapia; cirugía; cuidado personal (que incluye cuidado espiritual y emocional, nutrición e higiene, ejercicios e interacción social). Benson, que es cardiólogo, afirma: “La Fé en el tratamiento médico es maravillosamente terapéutica, exitosa en tratar 60-90% de la mayoría de los problemas médicos; pero si usted cree en una fuerza infalible e invencible como Dios tiene todavía un poder sanador mayor”.
Es por eso que afirmamos que la oración y la fé son medicina de Dios. Nos dice la Virgen María en Medjugorje: “la oración es un deseo de Dios y de salvar almas”. Y Santo Tomás de Aquino nos dice en sus escritos que lo esencial en la oración es la obediencia. Si obedecemos a Dios, entonces le amamos, y dice Jesús en las Sagradas Escrituras: «Si me amas, guardarás mi Palabra, y mi Padre te amará, y vendremos a ti, y haremos morada en ti» (Juan 14:23). Entonces, no separamos a Dios de nuestro corazón y somos sanados y fortalecidos en la enfermedad.
Luego de buscar en numerosos textos médicos y científicos, y en las Sagradas Escrituras, finalmente encontré una definición acertada para una persona sana espiritual, mental y emocionalmente: «En cambio el fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo», de la carta de San Pablo a los Gálatas 5:22-23.
La mayoría de los médicos hablamos a nuestros pacientes y/o familiares, de Dios, o de aspectos religiosos cuando el paciente está en peligro de muerte o tiene una enfermedad terminal. En nuestra vivencia, el paciente se beneficia de la oración y la fé desde que se inicia la relación médico-paciente, si consiente en la oración y se toma en cuenta su creencia religiosa. La oración no sustituye, sino que complementa el tratamiento médico y/o quirúrgico convencional. En mi experiencia personal con mis pacientes en la especialidad de cardiología, la oración y la fé han sido el principal elemento para la sanación espiritual y física del enfermo. Hemos tenido la vivencia, orando por pacientes en estado de agonía y al final de su vida terrenal, y aunque ha habido lágrimas por los familiares, también hemos experimentado mucha paz. He comprobado que a muchos pacientes les gusta hablar de Dios y temas religiosos, y les agrada que el médico haga una oración intercesora por sus problemas de enfermedad. Los pacientes ven al médico como un instrumento de Dios para mitigar su dolor.
Entiendo, como médico y científico, la importancia de estudios que documenten la eficacia de los tratamientos médicos, por eso nos dimos a la tarea de realizar una encuesta con pacientes en el año 2000. De un total de 277 pacientes que contestaron un cuestionario de espiritualidad y salud, un 96% confirmó que la fé es importante en la sanación del paciente, un 84% estuvo de acuerdo que el médico debe orar con el paciente si éste se lo pide, y un 65% ha experimentado el poder sanador de la oración y la fé en su condición médica. También, ese mismo año, 90 médicos de diferentes especialidades del Hospital Hima-San Pablo en Bayamón, contestaron las mismas preguntas en un porcentaje similar. Esto nos afirma nuestra misión de seguir orando con los pacientes.
He aquí algunas experiencias en mi práctica médica orando con los pacientes. Tuve una paciente de 25 años con historial de pre-clampsia y cesárea en su primer embarazo, que terminó en fallo cardíaco, entubada y en intensivo en el año 1994. Su diagnóstico fue cardiomiopatía peri parto y se le recomendó no quedar embarazada nuevamente. En noviembre del año 2000 quedó embarazada de nuevo y sus médicos le recomendaron terminar el embarazo (aborto). Vino a mi oficina para una segunda opinión, oramos juntos con su familia, comenzó a asistir a Misa frecuentemente, a orar con el Santo Rosario y la Biblia. El resultado final: tuvo su bebé por cesárea sin complicaciones.
Tuve otra paciente de 42 años con diagnóstico de Arteritis de Takayasus (obstrucciones en las arterias) desde la edad de 20 años. Su tratamiento había consistido en esteroides desde ese tiempo. Desde el 1984 al 1989 sufrió embolia pulmonar y fue operada de corazón abierto; tuvo inflamación del pericardio, isquemia transitoria cerebral y sangramiento gastrointestinal. Cuando quedo embarazada en 1989, los médicos le recomendaron hacerse un aborto, por lo que vino a mi oficina para segunda opinión. Oramos junto a su familia, tuvo un embarazo sin complicaciones y dio a luz por cesárea. En el 2001, el Dr. Michael Reagan, en John Hopkins, le dijo que ella era el peor caso de obstrucción en las arterias que él había visto y que su pronóstico de sobrevida era corto. Al presente (2006) la paciente sigue viva, ora con frecuencia, asiste a la Santa Misa, ora con el Santo Rosario y medita las Sagradas Escrituras. Ha sido mi paciente por 21 años.
Doy gracias a Dios por todos estos años de práctica médica donde he visto Su mano en todo el cuidado de mis pacientes. Es mi profunda convicción médico- religiosa que el paciente debe ser tratado como un ente: alma y cuerpo. La primera causa de enfermedad en el hombre hoy día es la enfermedad del alma y esto sucede cuando decidimos separar a Dios de nuestro corazón. El paciente necesita amor, calor humano, compasión y comprensión en la enfermedad. Desde la fé, la oración, la confianza en Dios y el instrumento médico, se inicia la sanación en ese primer encuentro médico-paciente. Si oramos con el paciente, comenzamos la ruta ganadora hacia una mejor recuperación total. «Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida» (Proverbios 4:23).