Benedicto XVI: fe, raz—n, terrorismo

Por Oscar El’a Ma–œ

An‡lisisn¼ 143   |  21 de Septiembre de 2006

 

Quienes clamaban en las calles‡rabes contra Benedicto XVI, exigen al Santo Padre respeto para el Islam, y lohacen quemando su efigie con gasolina; protestan contra la ofensa a otrareligi—n, y lo hacen pegando fuego a las iglesias cristianas palestinas. Seindignan porque el Papa recuerde que Mahoma asoci— fe y espada, y lo hacenprofetizando que el Islam entrar‡ a sangre y fuego en Roma.

 

 


1. Teolog’a; raz—n y voluntad

 

Apolog’a de la raz—n

 

El jueves pasado, de vuelta a suvieja Universidad, Benedicto XVI se reœne con sus viejos colegas de aulas,retrocede a su Žpoca de profesor universitario. En su discurso, la universidadaparece como el reino de la libertad y de la raz—n, donde el escepticismo deunos y la creencia de otros encuentran lo comœn en la bœsqueda de la verdadmediante el di‡logo. El Papa entiende la universidad como la suma de libertad yraz—n, elementos indisolubles y necesarios, donde la teolog’a se une a lasotras ciencias en una cohesi—n interior en el cosmos de la raz—n. En estemarco, el discurso ten’a que versar necesariamente, sobre la libertad, la raz—ny la fe. Pero, globalizaci—n mediante, el tema desemboc—, d’as despuŽs, en laapolog’a de la violencia y la irracionalidad, todo ello en nombre del di‡logoentre culturas.

 

Pero ni el barbudo que semanifiesta en Pakist‡n ni el periodista progresista espa–ol parecen querer leerun discurso del Santo Padre que gira en torno a  dos cuestionesrelacionadas: antropol—gicamente, la relaci—n entre fe y raz—n; teol—gicamente, larelaci—n entre omnipotencia y omnisapiencia. Por eso la primera referenciapapal es una llamada a abordar racionalmente el hecho religioso; elescepticismo racionalista puede convertirse en un dogma totalitario cuandoniega la legitimidad humana de preguntarse por Dios. Desde tierras alemanas,las palabras de Benedicto XVI resuenan lejanas cuando creer en Dios es objetode mofa, de escarnio y de desprecio en el Viejo Continente, y cuando lareflexi—n sobre la libertad se agota en justificar Gran Hermano, Aqu’ hay tomate o la obra de teatro Mecago en Dios.

 

El tema central del discurso papal,las relaciones entre fe y raz—n, parte de las relaciones originarias entre fecristiana y filosof’a griega. Benedicto XVI defiende c—mo cristianismo yhelenismo, fe y raz—n, confluyeron de una forma ins—lita y ejemplar. Y parailustrar la convergencia, cita la ya tristemente famosa conversaci—n entreManuel II y el comerciante persa. Y lo hace matizando de manera meticulosa.Recuerda el di‡logo sincero entre el cristiano y el musulm‡n, en el que, derepente, de manera sorprendentemente brusca, recalca el Papa, Manuel II espetaa su compa–ero: MuŽstrame tambiŽn aquello que Mahoma ha tra’do de nuevo, yencontrar‡s solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundirpor medio de la espada la fe que Žl predicaba.

 

El Papa no hace suyas las palabrasde Manuel II, sino que relata el transcurso de la conversaci—n, para llegar alo que verdaderamente le interesa, que es la conclusi—n del bizantino; Laafirmaci—n decisiva en esta argumentaci—n contra la conversi—n mediante laviolencia es: no actuar segœn la raz—n es contrario a la naturaleza de Dios. ÀPor quŽ citar paraello a un emperador bizantino de hace siglos?, se pregunta el editorialista de TheGuardian(s‡bado 16-09), que o no ha le’do o no ha entendido el discurso. ÒHubiera sidomejor que hubiera buscado otra citaÓ, apostilla el editorialista de El Pa’s (s‡bado 16-09), queadvierte que muchos no comprender‡n el discurso filos—fico; vana ilusi—n, Žl nose incluye entre ellos. Benedicto lo deja bastante claro.

 

Para quienes no han le’do m‡s all‡del extracto polŽmico –otros como Antonio Gala (El Mundo, 17-09), parecen nohaber le’do siquiera el t’tulo-, Benedicto XVI recalca que la importancia de lacita reside en el hecho de que Manuel II aparece como representante de lailustraci—n griega, de la filosof’a de S—crates, Arist—teles o Plat—n, segœn lacual es posible acceder a Dios a travŽs de la raz—n:  para elemperador, como buen bizantino educado en la filosof’a griega, esta afirmaci—nes evidente.La cita no es gratuita ni prescindible, en la medida en que Manuel II aparececomo el ilustrado griego escandalizado ante la pretensi—n mahometana deimpulsar la religi—n mediante la espada. En la conversaci—n citada, Manuel IIno es el cristiano antimusulm‡n que los guardianes de la virtud en Occidente ylos guardianes de la fe islamista han caricaturizado; es el heredero de latradici—n racionalista griega espantado ante el uso de la violencia sobre eldi‡logo y la raz—n.

 

Dios como voluntad y como raz—n

 

Y es que la reflexi—n de BenedictoXVI van m‡s all‡ del cristianismo, del Islam y de la propia religi—n, ydesemboca en la reflexi—n de un profesor de teolog’a: ÀDios omnisapiente o Diosomnipotente?ÀRaz—n o Voluntad? El Papa transita sobre uno de los puntospolŽmicos de la historia teol—gica occidental; Àlibertad o raz—n? La polŽmica es bienconocida por el Papa. Duns Escoto y Guillermo de Ockham llevaron el argumentohasta el l’mite: Dios podr’a haber creado un mundo en el que el odio a Diosno fuese pecado, sino virtud (Ockham). Y si eso fuera cierto, volviendo al discursopapal, entonces ser’a para el hombre imposible conocer a un Dios caprichoso yarbitrario, que pudiera convertir lo bueno en malo y lo malo en bueno sinningœn criterio m‡s all‡ de su libertad total.

 

Efectivamente, si Dios es un Diosvoluntarioso, puede saltarse las mismas reglas de la raz—n, y por tantoresultar inaccesible al ser humano por esta v’a; considerar a Dios como puravoluntad es negar la posibilidad de una relaci—n humana y racional con Žl, yreducirla a simple revelaci—n e imposici—n divina. Considerar a Dios comovoluntad desgajada de racionalidad tiene como consecuencia el voluntarismodivino, y por tanto la incapacidad. En el texto, Benedicto XVI cita tambiŽn alpoeta y polemista cordobŽs Ibh Hazm, que llega a decir que Dios no estar’acondicionado ni siquiera por su misma palabra y que nada lo obligar’a arevelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre deber’a practicar inclusola idolatr’a.

 

En el texto, Benedicto XVI adviertedel peligro de las palabras de Ibh Hazm; tambiŽn de la filosof’a pr‡ctica deKant y del voluntarismo religioso de Escoto, pero nadie ha clamado contra lacr’tica papal a los errores occidentales. Y ello por la creencia extendida, encristianismo e Islam, de que Dios puede hacerlo todo, incluso actuar contra laraz—n: La convicci—n de que actuar contra la raz—n est‡ en contradicci—n conla naturaleza de Dios, Àes solamente un pensamiento griego o es v‡lido siemprepor s’ mismo? ÀSe ha agotado el discurso de S—crates?, se pregunta Benedicto XVI.

 

Aqu’ el Papa recuerda la relaci—nque el logos implica entre raz—n y palabra: "Logos" significatanto raz—n como palabra, una raz—n que es creadora y capaz de comunicarse. Si Dios es raz—n, y al mismo tiempo es palabra, entonces Dios escomunicable, de Žl mismo hacia los hombres, y de los hombres entre s’. Yviceversa, si Dios actœa contra la raz—n, el hombre no podr‡ conocer jam‡s lainfinita arbitrariedad divina, alejada del bien y la verdad, que son cosa deraz—n:

 

M‡s all‡ de Žsta existir’a lalibertad de Dios, en virtud de la cual ƒl habr’a podido crear y hacer tambiŽnlo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aqu’ se perfilan posicionesque, sin lugar a dudas, pueden acercarse a aquellas de Ibn Hazn y podr’anllevar hasta la imagen de un Dios-çrbitro, que no est‡ ligado ni siquiera a laverdad y al bien.

 

Si la raz—n no permite acceder aDios, entonces Žste permanece siempre m‡s all‡ de la posibilidad humana. UnDios as’ resulta inalcanzable, y sus posibilidades abismales permanecen paranosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas. Por eso tal concepci—ndivina parece, a los ojos de Benedicto XVI, falsa: Dios no se hace m‡sdivino por el hecho de que lo alejemos en un voluntarismo puro e impenetrable,sino que el Dios verdaderamente divino es ese Dios que se ha mostrado como el"logos" y como "logos" ha actuado y actœa lleno de amor pornosotros.

 

Compartible o no, discutible o no,el argumento de Benedicto XVI es di‡fano; si la voluntad de Dios esabsolutamente libre y alejada de raz—n, entonces el hombre jam‡s podr‡ accedera Žl racionalmente. Adem‡s, puesto que la raz—n es, adem‡s, logos, entoncestampoco podr’a comunicarse racionalmente Dios con los hombres, y entre ellosmismos; la religi—n no ser’a comunicable mediante la raz—n y el di‡logo, puestoque Dios quedar’a m‡s all‡ de todo eso, inaccesible por completo.

 

Crisis de Occidente

 

Oculto por la represi—n desatadapor islamistas, Benedicto XVI incluye una advertencia de fondo; es el uso de laraz—n, escŽptico o creyente, agn—stico o fiel, el que est‡ en riesgo enOccidente, y no s—lo la simple fe. Para el no creyente es discutiblete—ricamente que la raz—n y la fe tengan su destino tan unido como afirma elPapa; pero el historiador convendr‡ necesariamente que ambas, en el Occidentede hoy, parecen hundirse al mismo tiempo. Raz—n por la cual los desvelos delPapa van tambiŽn hacia la descristianizaci—n de Europa, y lo hace con una tesisde un calado lo suficientemente profundo para que ningœn medio de comunicaci—nhalla reparado en ello; m‡s all‡ de la evidente crisis religiosa que padeceEuropa, y unido fŽrreamente a ella, existe una dehelenizaci—n europea, esdecir, un desapego constante del racionalismo griego que el Papa encuentra enla modernidad, y que hoy parece acelerarse.

 

La cr’tica papal va m‡s dirigida aOccidente que a Oriente; hoy se extiende la creencia en que s—lo laracionalidad emp’rica es verdadera racionalidad, y que la verdad modelo es laverdad de la ciencia. Frente a ello, el Papa adopta una posici—ninequ’vocamente humanista; los interrogantes propiamente humanos, es decir,"de d—nde" y "hacia d—nde", los interrogantes de lareligi—n y la Žtica no pueden encontrar lugar en el espacio de la raz—n comœndescrita por la "ciencia" entendida de este modo y tienen que sercolocados en el ‡mbito de lo subjetivo.

 

Colocados en el ‡mbito de losubjetivo, la Žtica y la moral dejan de tener un valor universal, y se reduce acuestiones culturales, psicol—gicas, religiosas o neurol—gicas. ƒstas son incapacesde dar respuesta a los grandes retos de este mundo. Mientras nos regocijamosen las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, tambiŽn podemos apreciarlos peligros que emergen de estas posibilidades y tenemos que preguntarnos c—mopodemos superarlas. La racionalidad occidental ha relegado la Žtica y lamoral al ‡mbito de lo estrictamente privado, y ha dejado para las leyescient’ficas o econ—micas la objetividad absoluta. Al hacerlo, se–alan BenedictoXVI y Juan Pablo II, niegan al hombre la posibilidad de buscar respuesta a lasgrandes cuestiones humanas, que el cientificismo es incapaz de resolver, porqueson cuestiones existenciales, morales, humanas en sentido estricto.

 

Y es en este punto donde lasgrandes religiones tienen algo que aportar, recuerda el Papa. Islam,cristianismo y juda’smo niegan que la ciencia emp’rica de respuestas a todoslos interrogantes humanos; reconocen el uso universal de la raz—n, no s—lotŽcnico-cient’fico. Propone una tesis provocadora, que escandaliza a liberalespero que une a religiosos isl‡micos, cristianos o jud’os: reducir la religi—nal ‡mbito de la fe privada, separada de cualquier racionalidad, expresaBenedicto XVI, es el camino m‡s directo hacia la ruptura total entre religionesy civilizaciones. ÀPor quŽ? Porque si se consideran totalmente subjetivas, lasverdades religiosas se vuelven irremediablemente incomunicables, e imposiblesde ser dialogadas. Por el contrario, reconocer el car‡cter racional de lasreligiones fomenta el di‡logo entre ellas, y entre la fe y la raz—n:

 

S—lo as’ podemos lograr esedi‡logo genuino de culturas y religiones que necesitamos con urgencia hoy. Enel mundo occidental se sostiene ampliamente que s—lo la raz—n positivista y lasformas de la filosof’a basadas en ella son universalmente v‡lidas.

 

2. De Ratisbona a Manhattan

 

Voluntarismo, irracionalismo,terrorismo

 

Un Dios voluntarista, desgajadocompletamente del bien y de la verdad, es un Dios arbitrario, libŽrrimo,caprichoso. Si actœa de manera independiente al bien y al mal, a la verdad y lafalsedad, si puede tornar por gusto lo bello en feo y lo bueno en malo, es unDios que el hombre no podr‡ conocer jam‡s. Separado de la raz—n, impide alhombre conocerlo por sus propias facultades, le proh’be preguntarse racionalmentepor su existencia y por sus atributos. La œnica forma de comunicarse con Dioses as’ la fe y la revelaci—n; la imposici—n racional o irracional del librearbitrio divino. La revelaci—n se impone as’ al hombre, independientemente desu naturaleza racional.

 

Lo cual, en la era de lageopol’tica del caos, tiene consecuencias pr‡cticas evidentes; la voluntad seimpone incluso a lo que el hombre, racionalmente, considera bueno o malo. Laracionalidad cient’fica, estŽtica o moral se ver‡ borrada del mapa, y llevar‡al creyente a responderse f‡cilmente a la pregunta m‡s dif’cil: Àc—mo dudar encometer el crimen m‡s horroroso si la voluntad divina lo requiere?Àpor quŽ nosepultar los escrœpulos que la raz—n tiene ante la perspectiva de estrellar unavi—n repleto de inocentes contra un rascacielos?ÀQuiŽn es el hombre paradecidir que es un crimen reventar vagones de metro repletos de personas enAtocha?

 

El terrorismo es maloindependientemente de que sea un pecado; la raz—n muestra la barbaridad quesupone degollar inocentes en televisi—n o quemar vivos a turistas en unrestaurante de Bali. Pero cuando la voluntad de Al‡ se sitœa al margen de laraz—n y ordena desp—ticamente al ser humano actuar contra su propio raciocinio,entonces las consecuencias pol’tica del problema teol—gico planteado porBenedicto XVI saltan a la vista en cada telediario. El fanatismo religioso noes producto, parad—jicamente, de situar a Dios demasiado cerca del ser humano,sino de situarlo demasiado lejos, demasiado trascendente, demasiado subjetivo eirracional.

 

En segundo lugar, y esto es lo queha motivado la furia de islamistas, situar a Dios fuera de la raz—n humana,desgajarlo de la intimidad humana, hacerlo un extra–o, no s—lo conlleva hacerloincognoscible, sino incomunicable; si Dios no es objeto de nuestra raz—n,tampoco lo es de nuestra palabra. Un Dios arbitrario, convertido en voluntaddesp—tica, ni es cognoscible ni es comunicable, y la conversi—n mediante mediospac’ficos, imposible.

 

Entonces llevar la religi—n al restode hombres mediante el uso de la palabra y el di‡logo es imposible. Situar aDios separado del binomio raz—n/logos conlleva que no es comunicable medianteraz—n y di‡logo y que la extensi—n de la confesi—n religiosa no es cuesti—n depersuasi—n, sino de imposici—n; as’ aparece la aberraci—n irracional deextender la fe mediante la espada, y la violencia; mediante mochilas bombas oaviones de pasajeros. De la teolog’a a la pol’tica, el yihadismo es lacontinuaci—n del voluntarismo divino por otros medios, la violencia ilimitada eirracional desatada en un vag—n de metro o en una oficina de Manhattan es laœnica forma en la que el hombre que ha expulsado a Dios de la raz—n puedeexpandir la fe.

 

La calle en llamas; error oconfirmaci—n

 

Quienes claman en las calles ‡rabescontra Benedicto XVI, exigen al Santo Padre respeto para el Islam, y lo hacenquemando su efigie con gasolina; protestan contra la ofensa a otra religi—n, ylo hacen pegando fuego a las iglesias cristianas palestinas. Se indignan porqueel Papa recuerde que Mahoma asoci— fe y espada, y lo hacen profetizando que elIslam entrar‡ a sangre y fuego en Roma porque el Profeta lo profetiz—.Occidente asiste asombrado a la reacci—n islamista e isl‡mica, que de nuevo sele presenta confusa y peligrosa, donde terroristas entusiastas compartencr’tica con ulemas de rostro preocupado y solemne. Y lo hacen para culpar alPapa de un crimen que no ha cometido.

 

ÁEl Papa dice que somosviolentos, matemos al PapaÁ, claman los islamistas iraqu’es ante la comprensi—n de loseuropeos. Esquizofrenia religioso-pol’tica; el clŽrigo somal’ Sheikh AbubukarHassan Malin denuncia que el Papa acusa al islamismo de una Òcr’tica sinfundamentosÓ, y proclama que los musulmanes deber’an matar al pont’fice. Los m‡s radicales seindignan; la cr’tica sin fundamentos del Papa se refuta tiroteando a una monjaen un hospital somal’. El respeto entre las religiones se reclama quemandocrucifijos.

 

En su respuesta a las palabras delPapa, defender la fe mediante la violencia es irracional, el islamismoreivindica la violencia, reivindica lo irracional y lo hace ante las embobadasc‡maras de televisi—n occidentales que enfocan los rostros desencajados, lasmuecas de indignaci—n, las pancartas anticristianas. El yihadismo lanza sus masasa la calle, escenifica la protesta, reivindica la violencia y la irracionalidadpara protestar contra quien ha advertido contra la violencia y lairracionalidad y ya ha sido condenado a muerte por unos e invitado aretractarse por otros.

 

M‡s all‡ del islamismo, otros seindignan desligando el Islam del uso de la violencia; vana ilusi—n, no esBenedicto XVI quien lo hace, sino Ben Laden y quienes protestan contra el Papajunto a ellos. Nuevos inquisidores de la media luna, rastrean los medios de comunicaci—noccidentales en busca del agravio que disculpa al Islam de sus propiosproblemas. La Junta Isl‡mica de Espa–a lanza un comunicado contra el discursodel Papa acus‡ndole de no conocer el Islam. Benedicto XVI no lig— al Islam conel terrorismo; advirti— de que la concepci—n voluntarista de Dios, en elcristianismo y en el islamismo, conduce a la violencia, pero eso les da igual.Escrutan al Papa, pero no al yihadismo: Millares de j—venes musulmanesdesean morir, la tempestad de aviones no se detendr‡ (Al Qaeda) destruye elsentimiento isl‡mico m‡s que cualquier declaraci—n de un Papa que pide en eldiscurso el trabajo comœn entre isl‡micos y cristianos que la Junta Isl‡micaniega d’a tras d’a.

 

La argumentaci—n teol—gica del Papadesembocaba en la denuncia de los actos irracionales cometidos en nombre de lafe. Por eso el discurso papal deb’a molestar a alguien m‡s; a todos aquellospara los que la asociaci—n de Benedicto XVI entre fe, raz—n y di‡logo, esfalsa, y conciben a la Iglesia como un conjunto de oscuros pasillos repletos deconspiraciones contra la humanidad; en el odio a la Iglesia coinciden losradicales de LavapiŽs con los cosmopolitas de Chueca, y en el mismo frente sehan situado frente a un discurso que ninguno de ellos parece haberse le’do,pero en el que vuelcan sus tradicionales iras.

 

Para el izquierdismo progresista,la Iglesia es una de las fuerzas reaccionarias de la historia, y nada que hagao diga su Santo Padre har‡ cambiar de opini—n a quienes se nombran a s’ mismosintelectuales y reparten permisos de racionalidad. En general, la izquierda hasido incapaz de leer las l’neas papales; han corrido en socorro del di‡logo sinni siquiera leer el documento que abri— la polŽmica. As’, Antonio Gala (ElMundo17-09-06) responde groseramente a las palabras del Santo Padre; el escritordeja para los nœmeros bisexuales de La Pasi—n Turca su comprensi—n yreconocida sensibilidad. Ocupado en su pr—xima novela o en rellenar su columnadiaria, se muestra incapaz de leer el discurso del Papa, y lo despacha conexabruptos tabernarios; Con aliados como Žste no necesitamos enemigos. Quehaga una ordal’a con Bin Laden. A Gala le da igual lo que diga el Papa o lo quehalla escrito; su respeto a la verdad parece limitarse a los propios dogmasprogresistas que venera.

 

Para la izquierda, cualquierreligi—n es irracional; ni Gala ni el resto de santones intelectuales puedensoportar que un Papa identifique a Dios con raz—n. Se ven irremediablementeempujados a equipararlo con Ben Laden, pues sus fobias van por otro lado. Setrata de campeones del di‡logo; en nombre de Žl niegan al Papa la posibilidadde opinar. Han instaurado un nuevo dogma, que comparten caprichosamente con unislamismo que no dudar’a en acabar con su ate’smo a tiros, que consiste en culpara Occidente, al capitalismo y a la Iglesia de todos los males del mundo. Ennombre de este dogma niegan cualquier legitimidad racional a Benedicto XVI, einvitan al pont’fice a no argumentar racionalmente para no poner en peligro eldi‡logo entre civilizaciones.

 

Pero el Santo Padre ha le’do aS—crates; el di‡logo exige raz—n, bœsqueda de la verdad, confrontaci—nargumental. El discurso de Ratisbona vers— sobre la necesidad de un di‡logoentre civilizaciones basado en la raz—n. Benedicto XVI apel— al comportamientoracional de las distintas confesiones para establecer un di‡logo fruct’fero.Alert— contra la concepci—n de Dios como un ser arbitrario y caprichoso capazde imponer al ser humano comportamientos irracionales y violentos contra otroser humano. Pero es imposible el di‡logo con quien simplemente es instrumentoinanimado de unos supuestos designios divinos que le llevan a asesinar en masaen Egipto, Londres o Madrid; pero tampoco lo es con quien considera a suinterlocutor un crŽdulo culpable de los males que afligen al mundo, y a quiense le exige silencio y obediencia a los dogmas de la idolatr’a de la historia,de la ideolog’a o de la tŽcnica. Ingenieros de almas en Occidente y profetasyihadistas en Oriente han confluido una vez m‡s para socavar loscontradictorios pilares de la civilizaci—n europea. As’ las cosas la preguntaes cu‡nto durar’an los primeros estableciendo su sacrosanto di‡logo con lossegundos..

 

 

 

îscar El’a es Analista Adjunto enel çrea de Pensamiento Pol’tico