Sobre
la película Kingdom of Heaven
El
Reino del cielo, el Reino de Hollywood
y el cristianismo
Padre Fernando Benicio Felices
Sánchez
Para EL VISITANTE
La
tesis religiosa que subyace la película
 |
Recientemente se ha estrenado en las salas
de cine de Puerto Rico la película “Cruzada” o “The
Kingdom of Heaven”. Si Ud. cree que
va a ver una película honesta, una
epopeya veraz de un período histórico,
quédese en su casa. |
El film es una diatriba
contra la religión cristiana y sus “secuaces”.
Su director y productor, Ridley Scott, ha manifestado
sin más rodeos su credo religioso en una
entrevista: es “un hecho” que las
religiones no ayudan a nadie a ser mejor e incluso
acaban haciendo a muchos fanáticos intolerantes
y supersticiosos. Sólo la conciencia de
tratar de hacer el bien según uno cree
en su corazón es lo que vale. La película
es una “prueba” de esta tesis.
Las películas son espejos de la sociedad
que las produce y en esta cinta se nota muchísimo.
Los intérpretes son personas muy modernas
que sólo visten a la antigua, pero que
piensan, están motivados y viven en un
universo mental post cristiano. Es una gran mentira
decir que se recrea en la pantalla el 1184, como
empieza alardeando esta cinta seudo histórica.
La “historia” en un pretexto tergiversado,
manipulado y deformado para exponer la tesis
del director. Se escoge la ciudad de Jerusalén,
ciudad santa para tres religiones monoteístas,
como paradigma de la intransigencia de los creyentes
que sólo será pacificada con la
comprensión de los no creyentes virtuosos,
prácticos, que son los verdaderamente
interesados en los pobres seres humanos. Los
comentarios escritos al final de la cinta dan
la clave interpretativa y la referencia al conflicto
moderno del film. No deja de haber una crítica
implícita a los cruzados modernos en Irak,
a los cruzados ya no de la religión sino
de la democracia liberadora de los árabes.
El protagonista de la película, el modelo
propuesto por el Director como digno de emular,
es un herrero, hijo bastardo de un noble francés,
que empieza como atormentado esposo de una suicida
y acaba como adúltero justificado y victorioso.
Es interpretado por uno de los jóvenes
actores con estrella ascendente en el firmamento
actual de Hollywood: Orlando Bloom. El joven
y bastante modesto actor está siendo promovido
para la fama eterna y ha salido no sólo
en la Trilogía del “Señor
de los Anillos” como paladín de
las huestes “angélicas” sino
como el flojísimo París en la película “Troya”.
Entre los “milagros” que la película
le adjudica al protagonista: de herrero se vuelve
en un “yedai” o espadachín
invencible, con tan sólo una lección
de su antipático padre (Liam Neeson);
sólo él sobrevive un naufragio,
junto con un caballo que atado a unas tablas
del barco náufrago, también se
había salvado; convierte desiertos en
vergeles; sobrevive todas las escaramuzas, se
levanta con la misma fuerza de siempre ya que
está dotado de la recuperación
instantánea de los superhéroes
que sólo salen en las películas;
libera a los siervos y los arma caballeros en
un santiamén y finalmente salva una situación
insalvable, a toda la población de inocentes
en Jerusalén, de ser masacrados por Saladino
en el 1187.
Defectos
históricos y ambientales del
film
Los defectos históricos de la película
son muchos y serios. El protagonista del film,
Balian II de Ibelin, históricamente estaba
casado con una reina bizantina, Maria Comnena,
madrastra de Sibila. En el 1185, con la muerte
del joven rey leproso, Balduino IV, no le sucede
su hermana Sibila, como dice la película,
sino el hijo de la dicha hermana, un niñito
de ocho años llamado Balduino V que reinó durante
un año. La intriga de la anterior reina,
Inés de Courtnay, madre del rey leproso
y de Sibila, es la que logra instalar en el trono
de la ciudad a Sibila como reina. Doña
Inés, como figura histórica no
aparece en la película: todo se simplifica
y se somete al arbitrio de la islamizada Sibila,
que instala a su esposo, el desagradabilísimo
Guy de Lusiñán como Rey en el 1186.
La película si retrata bien el sabotaje
continuo de Reinaldo de Chatillón, así como
sus consejos desacertados y sus masacres y violencias
injustificadas. Pero los incidentes narrados
en el film de sabotaje de las caravanas, sucedieron
años antes de las fecha que pretende novelar
el film. La secuencia de eventos no es verídica.
También el film, que debe tener una trama
sexual y romántica subyacente para no
quedarse en un drama histórico de entretenimiento
bélico con un dogmatismo filosófico
post cristiano, deja entender que mataron al
esposo de la reina Sibila, a Guy, en la batalla
desastrosa de los cuernos de Hattin. Esto no
es cierto. La reina Sibila no queda viuda y disponible
para pasar de ser la querida del protagonista
del film, Balian de Ibelin, ya que el rey Guy
fue capturado por Saladino y luego rescatado
y siguió vivo hasta el 1192. Otras deficiencias
históricas del film conciernen el asedio
de Jerusalén: la defensa de la ciudad
de Jerusalén fue confiada por el mismo
Patriarca Heracleus a Balian (casado con la ex
Reina Maria Comnena ni con la reina Sibila).
El asedio de la ciudad fue en dos flancos distintos,
no en el mismo y único frente que nos
presenta el film y los caballeros hicieron una
salida para atacar de frente las tropas musulmanas,
que estaban en unos montecitos al noreste de
la ciudad. Había también fosos
delante de las murallas, no como las presenta
el film. Finalmente, los habitantes de Jerusalén
no salieron libres sino que tuvieron que pagar
rescate para salir con vida.
Los defectos geográficos y arquitectónicos
del film son igualmente graves. Marruecos, donde
fue filmada la cinta, es mucho más desértica
de lo que eran las regiones de Palestina en la época
de las cruzadas. Cualquier persona que haya visitado
Jerusalén no reconocerá la ciudad
en el film. La verdadera Jerusalén está rodeada
de montecitos de olivos y de piedras calcáreas.
La Jerusalén de “Cruzada” está ante
un vasto desierto. Tiene rascacielos, muy parecida
a la Troya de Brad Pitt: visiones extremadamente
grandiosas de realidades muy modestas. El asalto
a sus murallas se parece más a escenas
de la saga del “Señor de los Anillos” (que
también tenía un sabor medieval)
que a la verdad histórica, aunque se aprecian
las tácticas de asalto medievales. Incluso
las secuencias de guerra que empalagan con sangre
cada diez minutos la pantalla, tiene más
de la fascinación reciente del film norteamericano
por las confrontaciones panorámicas El
castillo de Kerak, el Krak de Moab, es presentado
magníficamente cuando de hecho el que
lo ha visto sabe que es una fortificación
pequeña y modesta. Los palacios de Jerusalén
en los que se mueven el rey leproso de la ciudad
y su hermana adúltera, la Sibila son típicos
de la Andalucía o el Marruecos de 200
después, en el período nazarí granadino
(siglo XV), a los patios de la Alhambra. La representación
unilateralmente mala de los clérigos y
cristianos
Todos los clérigos de la película
son unos intolerantes hipócritas. La primera
escena de la cinta es el enterramiento de una
mujer que se ha suicidado al perder a su bebé.
El cura, que ni reza ni atiende pastoralmente
al desolado viudo, sino que lo acosa a largarse
del pueblo donde es mal visto, no sólo
roba una crucecita del cuello de la suicida sino
que acaba siendo asesinado por el héroe
de la película. La segunda escena es la
masacre, a manos del ejército del Obispo
local, de unos pobres cruzados que tratan de
defender al asesino del cura. Los caballeros
de las órdenes religiosos, sobre todo
los Templarios, con sus hábitos blancos
y su cruz roja, son unos fanáticos intransigentes
que aseguran que Dios siempre da victoria a los
cristianos en sus batallas y con la cruz son
invencibles. Cuando el protagonista va de camino
al puerto de embarque, la ciudad de Messina en
Sicilia, los clérigos de hábitos
blancos inculcan una consigna litánica:
matar a un infiel es un acto meritorio de salvación.
El Obispo de Jerusalén (que no nos dicen
era un Patriarca) es un hipócrita oportunista
que declara, ante la posibilidad de caer preso
por las tropas de Saladino que asedian la ciudad,
que si nos obligan a convertirnos al Islam, pues
nos convertimos, nos libramos de ser asesinados
y luego nos arrepentimos. Cuando es necesario
quemar los cadáveres de los defensores
cristianos caídos, el desaliñado
Obispo ridículamente declara (contrario
a la práctica histórica de la Iglesia
en situaciones de emergencia) que la cremación
de cadáveres era absolutamente prohibida
por la fe cristiana. Objeta el que el protagonista
ejemplar de la película, Orlando Bloom,
le da la libertad a sus sirvientes y que los
arme caballeros y prefiere salvar su pellejo
antes que defender a los indefensos habitantes
de Jerusalén. El Obispo que nos presente
la película, al igual que los demás
religiosos, es un perfecto energúmeno:
unilateralmente desagradable e irredimible.
No hay un cristiano sincero en este film. La
figura de todos estos eclesiásticos no
deja lugar a duda: la religión cristiana
con su pretensión de tener una verdad
absoluta es intransigente, intolerante y oscurantista.
Hasta las cristianas de la película, reinas
y señoras, son todas unas adúlteras.
La madre de Balian, así como la madre
de Guy, y no digamos la hermana del piadoso rey
leproso, Sibila, todas son infieles como esposas.
La reina Sibila (Eva Green), que cuando sale
por primera vez parece una princesa musulmana,
una sensual señora liberada, justifica
sus adulterios porque la casaron a los 15 años
con un señor feudal desagradabilísimo
(Guy de Lusiñán) en un matrimonio
de conveniencia política.
El nombre de Dios es usado y abusado a mansalva
durante todo el film. El otro personaje honesto
y justiciero de la película, el mariscal
de la ciudad, Tiberías, interpretado por
Jeremy Irons, el que hizo del jesuita fundador
de las Misiones en el film “La Misión”,
acaba retirándose del conflicto final
para capturar a Jerusalén, dictaminando
que él había venido como cruzado
por la fe y había acabo encontrado que
toda la empresa había sido una mentira
moral y lo que se procuraba era el poder político
y económico con el predominio de la intriga
y la injusticia. Por eso, dice, él ha
dejado de creer en Dios. Y el protagonista “santo” de
la película que es el portador del credo
del director (“no hagas mal a nadie, protege
al desvalido, sigue tu conciencia”), también
acaba enterrando su crucecita porque Dios no
le contesta. Si al principio del film quería
ir a Jerusalén porque quería expiar
su pecado y ayudar a su esposa en el infierno,
al final le está dando lecciones de rectitud
moral a un obispo de Jerusalén sobre lo
que es la decencia humana y manifiesta ser no
escuchado por Dios ni creer. Si comparamos a
Orlando Bloom, modelo ejemplar de esta cinta,
con otro protagonista heroico del Director Scott,
el gladiador hispánico del film “Gladiador”, éste último
es un creyente mucho más sincero en sus
dioses familiares que el caballero perfecto post
cristiano de “Cruzada”.
El Islam decente
Si el director pretende acusar a todos los
adeptos de las religiones como fanáticos e intolerantes,
el Islam sale muy bien parado en dicha cinta.
Los únicos que rezan en la película
son los musulmanes. Si los cristianos manipulan
la Cruz como un fetiche, Saladino la respeta
(dejada tirada en el piso, él la recoge
reverencialmente para ponerla sobre una mesa).
El fanático musulmán que le recuerda
al paladín islámico su deber religioso
es rebatido maquiavélicamente por el prudente
y virtuoso Saladino: no es Dios el que concede
la victoria, sino la prudencia de los hombres.
Los musulmanes respetan y cumplen sus promesas,
mientras que los cristianos sólo mienten,
instigan, intrigan, adulteran y asesinan, a los “inocentes” musulmanes
que van en caravanas. Los musulmanes dan decente
sepultura a sus caídos mientras que los
cristianos pelean por la forma de entierro que
le van a dar a los suyos. Si los cristianos al
tomar Jerusalén mataron a todos los no
cristianos de la ciudad que no se quiso rendir
en una masacre crudelísima, Saladino es
recto y les da permiso y salvoconducto a los
habitantes de la ciudad que quieran irse para
que puedan salvarse.
Si quiere pagar para que le insulten su fe
cristiana y le convenzan de que la verdadera
tolerancia
es la indiferencia religiosa y que su conciencia
debe ser su Dios, pues le espera una película
larguísima, cansona, violenta, sombría,
grasosa, fruto del oscurantismo dogmático
post cristiano de Hollywood. No saldrá ni
sabiendo más historia ni queriendo ser
mejor. Mejor vea la saga del “Señor
de los Anillos”, que sin pretender ser
histórica, sino simbólica y ficticia,
ha sido escrita por un cristiano convencido que
el verdadero humanismo no se da sin fe y que
la lucha entre el mal y el bien sigue siendo
el gran drama de cada vida y existencia y que
hay unas verdaderas normas morales universales
que no son meramente la conciencia mal formada
de cada cual.
(El autor es Párroco de La Gruta de Lourdes
de Trujillo Alto.)