Edición 22 • 29 de mayo al 4 de junio de 2005
Hoy es miércoles, 7 de enero de 2009

Sobre la película Kingdom of Heaven

El Reino del cielo, el Reino de Hollywood y el cristianismo

Padre Fernando Benicio Felices Sánchez
Para EL VISITANTE

La tesis religiosa que subyace la película

Recientemente se ha estrenado en las salas de cine de Puerto Rico la película “Cruzada” o “The Kingdom of Heaven”. Si Ud. cree que va a ver una película honesta, una epopeya veraz de un período histórico, quédese en su casa.

El film es una diatriba contra la religión cristiana y sus “secuaces”. Su director y productor, Ridley Scott, ha manifestado sin más rodeos su credo religioso en una entrevista: es “un hecho” que las religiones no ayudan a nadie a ser mejor e incluso acaban haciendo a muchos fanáticos intolerantes y supersticiosos. Sólo la conciencia de tratar de hacer el bien según uno cree en su corazón es lo que vale. La película es una “prueba” de esta tesis.

Las películas son espejos de la sociedad que las produce y en esta cinta se nota muchísimo. Los intérpretes son personas muy modernas que sólo visten a la antigua, pero que piensan, están motivados y viven en un universo mental post cristiano. Es una gran mentira decir que se recrea en la pantalla el 1184, como empieza alardeando esta cinta seudo histórica. La “historia” en un pretexto tergiversado, manipulado y deformado para exponer la tesis del director. Se escoge la ciudad de Jerusalén, ciudad santa para tres religiones monoteístas, como paradigma de la intransigencia de los creyentes que sólo será pacificada con la comprensión de los no creyentes virtuosos, prácticos, que son los verdaderamente interesados en los pobres seres humanos. Los comentarios escritos al final de la cinta dan la clave interpretativa y la referencia al conflicto moderno del film. No deja de haber una crítica implícita a los cruzados modernos en Irak, a los cruzados ya no de la religión sino de la democracia liberadora de los árabes.

El protagonista de la película, el modelo propuesto por el Director como digno de emular, es un herrero, hijo bastardo de un noble francés, que empieza como atormentado esposo de una suicida y acaba como adúltero justificado y victorioso. Es interpretado por uno de los jóvenes actores con estrella ascendente en el firmamento actual de Hollywood: Orlando Bloom. El joven y bastante modesto actor está siendo promovido para la fama eterna y ha salido no sólo en la Trilogía del “Señor de los Anillos” como paladín de las huestes “angélicas” sino como el flojísimo París en la película “Troya”. Entre los “milagros” que la película le adjudica al protagonista: de herrero se vuelve en un “yedai” o espadachín invencible, con tan sólo una lección de su antipático padre (Liam Neeson); sólo él sobrevive un naufragio, junto con un caballo que atado a unas tablas del barco náufrago, también se había salvado; convierte desiertos en vergeles; sobrevive todas las escaramuzas, se levanta con la misma fuerza de siempre ya que está dotado de la recuperación instantánea de los superhéroes que sólo salen en las películas; libera a los siervos y los arma caballeros en un santiamén y finalmente salva una situación insalvable, a toda la población de inocentes en Jerusalén, de ser masacrados por Saladino en el 1187.

Defectos históricos y ambientales del film

Los defectos históricos de la película son muchos y serios. El protagonista del film, Balian II de Ibelin, históricamente estaba casado con una reina bizantina, Maria Comnena, madrastra de Sibila. En el 1185, con la muerte del joven rey leproso, Balduino IV, no le sucede su hermana Sibila, como dice la película, sino el hijo de la dicha hermana, un niñito de ocho años llamado Balduino V que reinó durante un año. La intriga de la anterior reina, Inés de Courtnay, madre del rey leproso y de Sibila, es la que logra instalar en el trono de la ciudad a Sibila como reina. Doña Inés, como figura histórica no aparece en la película: todo se simplifica y se somete al arbitrio de la islamizada Sibila, que instala a su esposo, el desagradabilísimo Guy de Lusiñán como Rey en el 1186.

La película si retrata bien el sabotaje continuo de Reinaldo de Chatillón, así como sus consejos desacertados y sus masacres y violencias injustificadas. Pero los incidentes narrados en el film de sabotaje de las caravanas, sucedieron años antes de las fecha que pretende novelar el film. La secuencia de eventos no es verídica. También el film, que debe tener una trama sexual y romántica subyacente para no quedarse en un drama histórico de entretenimiento bélico con un dogmatismo filosófico post cristiano, deja entender que mataron al esposo de la reina Sibila, a Guy, en la batalla desastrosa de los cuernos de Hattin. Esto no es cierto. La reina Sibila no queda viuda y disponible para pasar de ser la querida del protagonista del film, Balian de Ibelin, ya que el rey Guy fue capturado por Saladino y luego rescatado y siguió vivo hasta el 1192. Otras deficiencias históricas del film conciernen el asedio de Jerusalén: la defensa de la ciudad de Jerusalén fue confiada por el mismo Patriarca Heracleus a Balian (casado con la ex Reina Maria Comnena ni con la reina Sibila). El asedio de la ciudad fue en dos flancos distintos, no en el mismo y único frente que nos presenta el film y los caballeros hicieron una salida para atacar de frente las tropas musulmanas, que estaban en unos montecitos al noreste de la ciudad. Había también fosos delante de las murallas, no como las presenta el film. Finalmente, los habitantes de Jerusalén no salieron libres sino que tuvieron que pagar rescate para salir con vida.

Los defectos geográficos y arquitectónicos del film son igualmente graves. Marruecos, donde fue filmada la cinta, es mucho más desértica de lo que eran las regiones de Palestina en la época de las cruzadas. Cualquier persona que haya visitado Jerusalén no reconocerá la ciudad en el film. La verdadera Jerusalén está rodeada de montecitos de olivos y de piedras calcáreas. La Jerusalén de “Cruzada” está ante un vasto desierto. Tiene rascacielos, muy parecida a la Troya de Brad Pitt: visiones extremadamente grandiosas de realidades muy modestas. El asalto a sus murallas se parece más a escenas de la saga del “Señor de los Anillos” (que también tenía un sabor medieval) que a la verdad histórica, aunque se aprecian las tácticas de asalto medievales. Incluso las secuencias de guerra que empalagan con sangre cada diez minutos la pantalla, tiene más de la fascinación reciente del film norteamericano por las confrontaciones panorámicas El castillo de Kerak, el Krak de Moab, es presentado magníficamente cuando de hecho el que lo ha visto sabe que es una fortificación pequeña y modesta. Los palacios de Jerusalén en los que se mueven el rey leproso de la ciudad y su hermana adúltera, la Sibila son típicos de la Andalucía o el Marruecos de 200 después, en el período nazarí granadino (siglo XV), a los patios de la Alhambra. La representación unilateralmente mala de los clérigos y cristianos

Todos los clérigos de la película son unos intolerantes hipócritas. La primera escena de la cinta es el enterramiento de una mujer que se ha suicidado al perder a su bebé. El cura, que ni reza ni atiende pastoralmente al desolado viudo, sino que lo acosa a largarse del pueblo donde es mal visto, no sólo roba una crucecita del cuello de la suicida sino que acaba siendo asesinado por el héroe de la película. La segunda escena es la masacre, a manos del ejército del Obispo local, de unos pobres cruzados que tratan de defender al asesino del cura. Los caballeros de las órdenes religiosos, sobre todo los Templarios, con sus hábitos blancos y su cruz roja, son unos fanáticos intransigentes que aseguran que Dios siempre da victoria a los cristianos en sus batallas y con la cruz son invencibles. Cuando el protagonista va de camino al puerto de embarque, la ciudad de Messina en Sicilia, los clérigos de hábitos blancos inculcan una consigna litánica: matar a un infiel es un acto meritorio de salvación.

El Obispo de Jerusalén (que no nos dicen era un Patriarca) es un hipócrita oportunista que declara, ante la posibilidad de caer preso por las tropas de Saladino que asedian la ciudad, que si nos obligan a convertirnos al Islam, pues nos convertimos, nos libramos de ser asesinados y luego nos arrepentimos. Cuando es necesario quemar los cadáveres de los defensores cristianos caídos, el desaliñado Obispo ridículamente declara (contrario a la práctica histórica de la Iglesia en situaciones de emergencia) que la cremación de cadáveres era absolutamente prohibida por la fe cristiana. Objeta el que el protagonista ejemplar de la película, Orlando Bloom, le da la libertad a sus sirvientes y que los arme caballeros y prefiere salvar su pellejo antes que defender a los indefensos habitantes de Jerusalén. El Obispo que nos presente la película, al igual que los demás religiosos, es un perfecto energúmeno: unilateralmente desagradable e irredimible.

No hay un cristiano sincero en este film. La figura de todos estos eclesiásticos no deja lugar a duda: la religión cristiana con su pretensión de tener una verdad absoluta es intransigente, intolerante y oscurantista. Hasta las cristianas de la película, reinas y señoras, son todas unas adúlteras. La madre de Balian, así como la madre de Guy, y no digamos la hermana del piadoso rey leproso, Sibila, todas son infieles como esposas. La reina Sibila (Eva Green), que cuando sale por primera vez parece una princesa musulmana, una sensual señora liberada, justifica sus adulterios porque la casaron a los 15 años con un señor feudal desagradabilísimo (Guy de Lusiñán) en un matrimonio de conveniencia política.

El nombre de Dios es usado y abusado a mansalva durante todo el film. El otro personaje honesto y justiciero de la película, el mariscal de la ciudad, Tiberías, interpretado por Jeremy Irons, el que hizo del jesuita fundador de las Misiones en el film “La Misión”, acaba retirándose del conflicto final para capturar a Jerusalén, dictaminando que él había venido como cruzado por la fe y había acabo encontrado que toda la empresa había sido una mentira moral y lo que se procuraba era el poder político y económico con el predominio de la intriga y la injusticia. Por eso, dice, él ha dejado de creer en Dios. Y el protagonista “santo” de la película que es el portador del credo del director (“no hagas mal a nadie, protege al desvalido, sigue tu conciencia”), también acaba enterrando su crucecita porque Dios no le contesta. Si al principio del film quería ir a Jerusalén porque quería expiar su pecado y ayudar a su esposa en el infierno, al final le está dando lecciones de rectitud moral a un obispo de Jerusalén sobre lo que es la decencia humana y manifiesta ser no escuchado por Dios ni creer. Si comparamos a Orlando Bloom, modelo ejemplar de esta cinta, con otro protagonista heroico del Director Scott, el gladiador hispánico del film “Gladiador”, éste último es un creyente mucho más sincero en sus dioses familiares que el caballero perfecto post cristiano de “Cruzada”.

El Islam decente

Si el director pretende acusar a todos los adeptos de las religiones como fanáticos e intolerantes, el Islam sale muy bien parado en dicha cinta. Los únicos que rezan en la película son los musulmanes. Si los cristianos manipulan la Cruz como un fetiche, Saladino la respeta (dejada tirada en el piso, él la recoge reverencialmente para ponerla sobre una mesa). El fanático musulmán que le recuerda al paladín islámico su deber religioso es rebatido maquiavélicamente por el prudente y virtuoso Saladino: no es Dios el que concede la victoria, sino la prudencia de los hombres. Los musulmanes respetan y cumplen sus promesas, mientras que los cristianos sólo mienten, instigan, intrigan, adulteran y asesinan, a los “inocentes” musulmanes que van en caravanas. Los musulmanes dan decente sepultura a sus caídos mientras que los cristianos pelean por la forma de entierro que le van a dar a los suyos. Si los cristianos al tomar Jerusalén mataron a todos los no cristianos de la ciudad que no se quiso rendir en una masacre crudelísima, Saladino es recto y les da permiso y salvoconducto a los habitantes de la ciudad que quieran irse para que puedan salvarse.

Si quiere pagar para que le insulten su fe cristiana y le convenzan de que la verdadera tolerancia es la indiferencia religiosa y que su conciencia debe ser su Dios, pues le espera una película larguísima, cansona, violenta, sombría, grasosa, fruto del oscurantismo dogmático post cristiano de Hollywood. No saldrá ni sabiendo más historia ni queriendo ser mejor. Mejor vea la saga del “Señor de los Anillos”, que sin pretender ser histórica, sino simbólica y ficticia, ha sido escrita por un cristiano convencido que el verdadero humanismo no se da sin fe y que la lucha entre el mal y el bien sigue siendo el gran drama de cada vida y existencia y que hay unas verdaderas normas morales universales que no son meramente la conciencia mal formada de cada cual.

(El autor es Párroco de La Gruta de Lourdes de Trujillo Alto.)

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