Edición 22 • 29 de mayo al 4 de junio de 2005
Hoy es miércoles, 7 de enero de 2009

José R. Ortiz Valladares, Ph.D.
director@elvisitante.biz

Es probable que la ley que regula el horario de apertura de los comercios el domingo, haya “tocado techo”. El proyecto de ley propuesto para enmendar la ley de cierre en la práctica convertiría el domingo en cualquier otro día de la semana.

El domingo es un día especialmente dedicado al encuentro personal con Dios; es un tiempo que hemos de guardar para regalar mayor dedicación y contemplación a Dios, a nuestra familia y después a parientes y vecinos.

Es cierto que hay razones especiales que obligan a algunos profesionales trabajar el domingo. Sin embargo, esta situación de excepción no aplica a la inmensa mayoría de los trabajadores.

Las sucesivas propuestas para enmendar la ley de cierre suelen fundamentarse en razones económicas. Esta lógica ignora que el descanso es una necesidad humana que propicia la productividad en el trabajo y que el fortalecimiento de la familia contribuye al beneficio de la sociedad.

El valor de la familia no tiene precio. La familia es el lugar primordial en la formación del capital humano y de la sociabilidad. Toda acción que mine la fortaleza de la familia repercutirá en detrimento de la misma sociedad. El Puerto Rico de hoy es un claro ejemplo de disfunción familiar a gran escala.

La ley de cierre no es un chicle que se pueda estirar más. No debe ser tan difícil entender y aceptar que el domingo es el día del Señor.

Archivo ediciones EV

 

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