Es probable que la ley que regula el horario
de apertura de los comercios el domingo, haya “tocado
techo”. El proyecto de ley propuesto
para enmendar la ley de cierre en la práctica
convertiría el domingo en cualquier
otro día de la semana.
El domingo es un día especialmente dedicado
al encuentro personal con Dios; es un tiempo
que hemos de guardar para regalar mayor dedicación
y contemplación a Dios, a nuestra familia
y después a parientes y vecinos.
Es cierto que hay razones especiales que
obligan a algunos profesionales trabajar el
domingo.
Sin embargo, esta situación de excepción
no aplica a la inmensa mayoría de los
trabajadores.
Las sucesivas propuestas para enmendar la
ley de cierre suelen fundamentarse en razones
económicas.
Esta lógica ignora que el descanso es
una necesidad humana que propicia la productividad
en el trabajo y que el fortalecimiento de la
familia contribuye al beneficio de la sociedad.
El valor de la familia no tiene precio. La
familia es el lugar primordial en la formación
del capital humano y de la sociabilidad. Toda
acción que mine la fortaleza de la familia
repercutirá en detrimento de la misma
sociedad. El Puerto Rico de hoy es un claro
ejemplo de disfunción familiar a gran
escala.
La ley de cierre no es un chicle que se pueda
estirar más. No debe ser tan difícil
entender y aceptar que el domingo es el día
del Señor.