Nuestra
Casa fue su Casa
¡…Y el Sucesor de Pedro estuvo con nosotros! Con
nervios, tensión ansiedad y, al final, una profunda alegría,
nuestra Universidad del Sagrado Corazón recibió
a Su Santidad Juan Pablo II, cabeza de la Iglesia Católica,
Sucesor de Pedro y Obispo de Roma. Todos querían saludarle,
estar cerca de él, sentir su presencia, fotografiarle,
poder decir “sí, yo di la mano al Papa polaco”.
Pero quizás, lo que los lectores quieran saber es qué
hizo Juan Pablo en el campus, por dónde se movió,
a quién vio y a quién saludó.
El Papa llegó a la Universidad por la calle de las
Flores, acompañado de un despliegue de seguridad que,
en ocasiones, llegó a considerarse excesivo. Siguió
en la limusina del Presidente Reagan (…), [hasta] estacionarse
frente a la entrada del Centro de Estudiantes.
Fue aquí donde rompió el protocolo y dirigiéndose
al grupo de personas (…) comenzó a saludar e impartir
bendiciones a un público que no cesaba de llamarle. Manos,
brazos, tirones de ropa: todos querían tocarle y después
lloraban con una emoción plena de alegría.
(…) En ese momento se encontró unas monjitas
que, haciendo caso omiso de las medidas de seguridad, pudieron
llegar hasta él: “Déjenlas, déjenlas”,
repetía el Santo Padre a unos guardias de seguridad norteamericanos
que intentaban sacarlas fuera.
Al costado derecho de la entrada del Centro, el coro de los
estudiantes de la UNIV no cesaba de cantar el “Gaudeamus
Igitur” [“Alegrémonos pues”], viejísima
canción universitaria europea. También ellos pudieron
disfrutar de su saludo y bendición, mientras sus voces
de barítonos se debilitaban por la emoción del
encuentro.
A continuación, le tocó el turno al presidente,
el doctor Pedro González Ramos, y a su esposa Nelky,
anfitriones de una visita histórica que por muchos años
permanecerá en el recuerdo de todos. Dos niñas
del Colegio San José y de ascendencia polaca le entregaban
un ramo de flores y le daban un saludo en polaco. Tras ellas,
nuestro presidente de la Junta de Síndicos, licenciado
Juan Doval y señora, estrechaban la mano de un Pontífice
que no cesaba de sonreír, mostrando una alegría
contagiosa a todos cuantos le rodeaban.
Cena
de Presentación
(…) Su Santidad Pablo II subió las escaleras,
para dirigirse al salón en que iba a tener lugar la cena,
acompañado del séquito y de los obispos puertorriqueños.
Después de unos 40 minutos, el Papa fue a saludar a
los miembros del V Centenario del Descubrimiento, que ya han
comenzado sus estudios preparatorios sobre la evangelización
de América, centrándose en el estudio de los sucesos
más notables de la Iglesia en Puerto Rico.
El siguiente acto tendría lugar en el salón
de juegos, donde la Junta de Síndicos de nuestra institución
y decanos, junto a los invitados especiales del Arzobispado,
esperaban ordenadamente sentados, la llegada del Santo Padre.
De nuevo los nervios aparecían dibujados en las caras
de los allí presentes. Sin embargo, el orden y el respeto
por el momento tan especial que estaban viviendo fueron la nota
más brillante de esos instantes: uno a uno saludó
el Pontífice, de nuevo rodeado por una barrera de seguridad
que no le dejaba solo en ningún momento. Eran ya más
de las 9:30 pm y el rostro de Juan Pablo II denotaba cansancio,
todo el cansancio de un periplo agotador que comenzó
en Zaragoza, España, y finalizaba en Puerto Rico.
Pero él continuaba ofreciendo su tierna sonrisa a todos
y cada uno. Todavía faltaba una parte muy importante
de la jornada: su encuentro con más de 2,000 sacerdotes,
religiosos, religiosas y seminaristas de Puerto Rico en la cancha
bajo techo, adornada para esta ocasión por el profesor
Rafael Márquez.
Era impresionante ver cómo entraba y saludaba, mientras
el resto de los asistentes entonaban el himno compuesto para
la visita del Pontífice a la Isla. Durante más
de veinte minutos, Su Santidad habló a los presentes
de fe, fortaleza y de su misión. Además, tuvo
tiempo para hacer reír un poco a los presentes con algunos
comentarios que ayudaron a dignificar, aún más,
una figura tierna y solemne que vino a confortar nuestra tierra
en momentos difíciles.
¡Gracias, Juan Pablo! Gracias en nombre de un pueblo
que cree, de un pueblo que trabaja, ama y sufre. ¡Gracias
en nombre de tu pueblo!
Publicado en la edición de octubre de 1984 en el Boletín
Informativo Quincenal ¨Ecos¨ de la Universidad del Sagrado
Corazón
Fuente: Archivo Histórico de la USC (editado)